“A 10 años del Jardín”

“Por favor mamá, no sueltes mi mano

no papá, no lo hagas, no me bajes la mochila del auto,

no se vayan, no quiero estar sólo

no me dejen, no sé estar solo”.

 

Como se nos partía el corazón día a día

como se nos partía el alma tarde a tarde,

era como dejar un trozo de nuestras propias vidas

volvíamos a casa con las manos vacías y el alma herida.

 

Pero fueron pasando los días, esos que parecieron eternos

y  comenzaron a aparecer sus sonrisas, cuando nos contaba de sus juegos,

se fue sintiendo contento, fue adquiriendo  confianza

lo fuimos notando más suelto, fue apareciendo la enseñanza.

 

Ya a los tres años conocía las letras

y con tres dígitos jugaba a los cuatro,

antes de cumplir los cinco, lo sorprendimos leyendo

y comprobamos que nuestro sol,  seguía creciendo.

 

Todo eso es posible cuando uno respira alegría

junto al cariño y amistad de amiguitos y amiguitas,

gracias al amor y  la paciencia de sus queridas tías

y al rayo divino que iluminó su Jardín, el Jardín Gentecita.

(Mafer).